Capítulo 1. Los patrones que se repiten
A lo largo de nuestra vida podemos encontrarnos con situaciones que parecen repetirse una y otra vez, aunque intentemos cambiarlas. Puede suceder en la salud, en las relaciones, en el trabajo, en los estudios, en la economía o incluso en nuestra manera de afrontar determinadas circunstancias. A veces llegamos a pensar que esos problemas forman parte de nuestra personalidad o que estamos destinados a vivirlos, especialmente cuando nuestro entorno también refuerza esa percepción.
No todas estas dificultades tienen el mismo origen. Algunas aparecen después de experiencias que nos han marcado profundamente, como una pérdida, un trauma o una etapa especialmente dolorosa. Otras se desarrollan de forma progresiva y pueden incluso guardar semejanzas con situaciones que hemos observado en nuestra propia familia. Desde la perspectiva del método SOMA, estos patrones repetitivos pueden entenderse como «programas» que se han incorporado a nuestro sistema.
Capítulo 2. El «bioordenador» humano
Para comprender esta idea podemos imaginar que nuestro organismo funciona como un «bioordenador». Al igual que un ordenador dispone de programas que le permiten realizar determinadas tareas automáticamente, nuestro cerebro y nuestro cuerpo también aprenden de las experiencias y desarrollan respuestas que posteriormente pueden activarse sin que tengamos que decidirlo de manera consciente.
Nuestro sistema registra continuamente una enorme cantidad de información procedente de lo que vivimos y de nuestro entorno. Sin embargo, no todos los acontecimientos tienen la misma importancia. Las emociones actúan como un filtro que permite identificar aquellas experiencias que han tenido un significado especial para nosotros. Cuanto mayor es la intensidad emocional asociada a una experiencia, mayor puede ser la huella que deje en nuestros patrones de respuesta.
Capítulo 3. Cómo se crea un programa
Podemos entenderlo mejor con un ejemplo. Imaginemos a un niño de apenas dos años que se acerca a una estufa y se quema. Probablemente, cuando sea adulto, no conserve ningún recuerdo consciente de aquel momento. Sin embargo, la experiencia pudo quedar registrada junto con las emociones que la acompañaron: el sobresalto, el miedo y el dolor.
A partir de ese aprendizaje, es posible que muchos años después, al entrar en una habitación donde haya una estufa, mantenga cierta distancia de ella de manera automática, sin necesidad de pensar conscientemente en lo que ocurrió durante su infancia. Su sistema habría aprendido que debe protegerse ante esa situación.
En este caso, el aprendizaje puede resultar beneficioso, porque ayuda a evitar un peligro real. Pero imaginemos que, además de quemarse, aquel niño se encontraba completamente solo en el momento del accidente. Su sistema podría llegar a asociar no solamente la estufa con el peligro, sino también la experiencia de estar solo con aquella sensación de miedo y desprotección.
Capítulo 4. Cuando el aprendizaje continúa en la edad adulta
Con el paso del tiempo, ese aprendizaje podría manifestarse como un temor intenso a la soledad, aunque la persona no sea consciente de dónde procede. Así, una experiencia ocurrida cuando tenía apenas dos años podría continuar influyendo en su manera de relacionarse y de tomar decisiones muchos años después.
Este mecanismo puede resultar beneficioso cuando nos ayuda a evitar un peligro real. El problema aparece cuando un aprendizaje que originalmente tenía una función protectora continúa activo en situaciones en las que ya no resulta necesario. En ese momento, el programa puede convertirse en una limitación y condicionar nuestra manera de actuar, nuestras relaciones y nuestras decisiones.
Capítulo 5. El miedo y la respuesta automática
Uno de los ejemplos más claros es precisamente el miedo intenso a la soledad. Si nuestro sistema ha asociado estar solos con una experiencia de peligro, puede activar automáticamente una respuesta de alarma cada vez que nos encontramos en esa situación, aunque objetivamente no exista ninguna amenaza. Esto puede llevarnos a sentir miedo o ansiedad y, en algunos casos, a mantener relaciones que realmente no deseamos simplemente para evitar la sensación de estar solos.
Cuando una respuesta de este tipo permanece activa durante mucho tiempo, puede generar un desgaste importante. El estado de alerta mantenido puede afectar a nuestro bienestar físico, mental y emocional, aumentar la sensación de cansancio y dificultar que encontremos nuevas formas de responder ante las circunstancias.
Capítulo 6. Del estrés emocional al cuerpo físico
Cuando estas emociones y estos programas permanecen activos durante mucho tiempo, sus efectos pueden ir más allá de lo emocional y repercutir también en el organismo. Ante una situación de estrés, el cuerpo activa mecanismos de respuesta en los que intervienen hormonas como el cortisol. Cuando esta respuesta se mantiene durante periodos prolongados, puede influir en procesos como el sueño, el metabolismo, la tensión arterial y el funcionamiento del sistema inmunitario, contribuyendo al desgaste físico y a la aparición de diferentes molestias.
Cuando este mecanismo de alarma se mantiene activo, podemos entrar en un círculo difícil de romper. El miedo puede generar determinados pensamientos y emociones, y esos pensamientos y emociones pueden hacer que aumente todavía más el miedo. De esta manera, seguimos reaccionando de la misma forma incluso cuando la situación ya no supone un peligro real.
Capítulo 7. La desprogramación según el método SOMA
Desde el enfoque del método SOMA, el objetivo es identificar y desprogramar aquellas emociones y aquellos «programas» que se han quedado registrados en nuestro sistema y que continúan provocando respuestas negativas, aunque la situación que los originó ya haya pasado. Al trabajar sobre ese aprendizaje emocional, se busca liberar la carga asociada a él y evitar que siga activándose de forma automática. De esta manera, la persona puede dejar de responder desde esos patrones aprendidos y disponer de una mayor libertad para afrontar las situaciones del presente de una forma diferente.
Capítulo 8. Vivir con mayor libertad
Desde esta perspectiva, alcanzar un mayor equilibrio significa poder vivir el presente con más libertad, sin que las experiencias del pasado, determinados miedos o patrones aprendidos condicionen continuamente nuestra forma de actuar. Se trataría de disponer de más recursos para afrontar las situaciones que aparecen en nuestra vida y desarrollar nuestras capacidades con mayor libertad.
Capítulo 9. Más allá de la persona
El método SOMA no se plantea únicamente en relación con la persona y su «bioordenador humano». Desde este enfoque, también puede aplicarse a sistemas más amplios o de distinta naturaleza, con la intención de favorecer procesos de reparación y reprogramación. Entre ellos se incluyen animales, plantas, viviendas, negocios, terrenos, familias y otras unidades o sistemas que forman parte de nuestro entorno.


